Esfera del Estar · Axioma VII · Humildad Epistémica
Abraza la inmensa sabiduría de decir «no lo sé»
Alerta · cómo se nota que falta
Improvisas respuestas plausibles cuando no sabes con exactitud, porque la admisión pública del no-saber te genera vergüenza o pérdida de credibilidad percibida.
Un caso · así se ve en la vida real
Reunión con el cliente, jueves. Alguien pregunta si vuestro sistema aguantaría el doble de usuarios, y tú no lo sabes. Lo que sale de fábrica es la respuesta plausible: «sí, en principio sí, la arquitectura está pensada para eso». Suena bien, no compromete a nada concreto, y te ahorra el mal trago. Lo llevas haciendo toda la vida profesional.
Lo que haces hoy es frenar la frase a medio camino y decir la otra: «No lo sé. Lo miro con datos y te contesto el lunes». Hay un silencio corto y pasa una cosa curiosa: el cliente se relaja, porque por fin alguien le habla como a un adulto, y el técnico que te acompaña se anima a matizar dos cosas que llevaba callándose media reunión. El lunes mandas la respuesta de verdad, con números. Meses después ese cliente te dirá que os eligió por aquel «no lo sé», y no lo dirá en broma.
Acción · para hoy
La próxima vez que alguien te haga una pregunta para la que no tienes respuesta clara, di explícitamente «no lo sé» antes de improvisar algo plausible. Nota lo que ocurre en la conversación después de esa frase.
En pocas palabras · qué defiende este Principio
Decir «no lo sé» da vergüenza y sin embargo abre puertas: baja la guardia del otro, convierte la conversación en búsqueda y te deja aprender en vez de defender. Fingir certezas cansa, aísla y casi todo el mundo lo nota. Admitirlo con calma suele ser lo más honesto de la reunión, y es de las pocas cosas que se contagian para bien.
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